Andando por Göreme

A unas 11 horas en autobús desde Estambul, Göreme es un pequeño pueblito de unos 2.500 habitantes, en la región de Capadocia, con vistas y paisajes literalmente increíbles. Para caminadores empedernidos, como yo… hemos llegado al paraíso.

Aunque el pueblo es pequeño, los valles de los alrededores son amplísimos y el paisaje llega a ser absurdo, de tan peculiar. Primeramente, un buen kebab en su vasija de barro, con pan pita y el típico gözleme, un té de manzana a la turca, diez minutos de sobremesa y ¡andando!

A solo unos 15 minutos del pueblo llegamos al llamado Museo al Aire Libre de Göreme, con iglesias, acantilados y un antiguo convento en ruinas. ¡Las iglesias son impresionantes! No son las típicas iglesias a las que estamos acostumbrados. ¡Estas están escavadas en las rocas! Y en su interior tienen frescos y pinturas de vivos colores y que en general son perfectamente apreciables a pesar de que se crearon entre los siglos X y XII. Recuerdo, por ejemplo, la Iglesia de la Serpiente, la de la Sandalia o la Tokalı (La iglesia de la Hebilla), ésta última en especial con frescos hermosísimos y muy bien conservados, de fondo azul, que muestran varios pasajes de la vida de Cristo.

Al día siguiente nos lanzamos otra vez al camino, pero esta vez por nuestra cuenta, lo cual no recomiendo pues es fácil perderse, tal y como nos pasó. Aunque fue toda una aventura andar sin rumbo por el Valle Rosa, hasta Çavusin, hacer miles de fotos a las increíbles formaciones rocosas y descansar a cada rato en alguna iglesia o construcción excavada, lo cierto es que perdimos toda una tarde y ya casi empezábamos a preocuparnos cuando nos encontramos con un grupo de turistas que andaban en un tour organizado.

Göreme_OpenAir_Museum

De cualquier manera, con un mapa, un poco de información previa, un guía o simplemente como parte de un tour de caminatas, Göreme es un sitio especial para andar. Puedes llegar a sentirte como en un cuento de hadas o una película de ciencia ficción; te sientes expedicionario, conquistador, aventurero entre esas torres rocosas que al no encontrar una comparación real posible, los propios habitantes del lugar le llaman “chimeneas de hadas”. Allí se asentaron antiguos trogloditas e hicieron sus casas y lugares de culto. Según cuenta una leyenda, en Anatolia convivían los hombres y las hadas hasta que una de ellas se enamoró de un humano. Como castigo, la reina de las hadas las convirtió a todas en palomas y las encerró en estructuras de piedra que hoy son las llamadas “chimeneas”. A los hombres les condenó a cuidar de ellas, por lo que desde entonces, han hecho de estas rocas sus aposentos y moradas.

Aunque el pequeño pueblito de estos antiguos cuidadores de palomas se ha llenado hoy de turistas, aún conserva esa autenticidad, esa marca única de sitio mágico, mítico, como hecho a mano por un autor inspirado y fantasioso. Nada mejor que conocerle por dentro, literalmente, andando y desandando sus interiores excavados, su gente amable y hospitalaria, su geografía, su historia.

goreme