Tras el eco de las antiguas Caravanas

No había mejor modo de amortiguar la marcha. Las largas horas de camino entre áridas estepas, desiertos y montañas rocosas, expuestos a calores o fríos intensos, agotaban al más duro de los comerciantes, peregrinos y aventureros. Al principio fueron unos pocos, luego se fue poblando el camino de estas posadas que se llamaron desde entonces “caravanserais” o “caravasares”. De acuerdo a la distancia estimada que solían recorrer en un día las caravanas, las posadas se fueron ubicando a unos 30 kilómetros entre sí, como techo y abrigo para pasar la noche, almacenar la carga y permitir descansar a las bestias.

Hoy, de paso por los caravanserais de Capadocia, en el corazón de Anatolia, es imposible no imaginarlos –cuando no revivirlos- llenos de vida, hospedando a cientos de hombres y animales; las cocinas humeantes, el tintineo de los vasos de té, las herrerías, el fuego, el canje y la intriga, los juegos de mesa y los ratos de oración. Son edificios increíbles, construidos especialmente para servir a los hombres del camino, para darles cobija, zapato y alimento a la vez que proporcionarles un espacio común en dónde compartir el descanso y el ocio.

A 5 kilómetros al sudeste del pueblo de Avanos, en la ruta Aksaray-Kayseri, se encuentra el Saruhan o Sarıhan (“La Posada Amarilla”), con dos mil metros cuadrados, paredes de rocas rojizas y amarillas y hermosas figuras decorativas, a la usanza de la época y el estilo de la región. Aquí, en el gran patio central, se celebra cada noche la ceremonia de los derviches giróvagos y su danza espiritual Semá. Uno puede reservar el tour fácilmente y con transporte incluido. ¡La experiencia es alucinante! En donde hace varios siglos se aglomeraba el bullicio de las caravanas hoy se puede disfrutar de un momento de paz y éxtasis, contemplando a los seguidores de Mevlana con sus hermosos trajes blancos ondulando al viento mientras giran sin parar con el cuerpo y la mente para alcanzar la perfección. Tras la ceremonia, de aproximadamente una hora, se ofrece “Serbet” una refrescante bebida hecha de frutas, flores y especias.

Aunque quedaron prácticamente abandonados una vez que los europeos comenzaran a explotar nuevos caminos para la Ruta de la Seda, los caravanserais de Capadocia permanecen en pie y han sido restaurados periódicamente. Entre sus altos muros, pensados para proteger el sitio de bandidos y ladrones, hoy se pasean turistas de todas partes del mundo y algún que otro aventurero de estos tiempos… tras el eco de las antiguas caravanas.