Capadocia (en tuco: Kapadokya) es una increíble región de la Anatolia Central, cuyas maravillas geológicas abarcan una zona triangular entre Kayseri, Nigde y Kirsehir, o más específicamente, el área de Ürgüp a Avanos y Nevsehir, con un paisaje encantado y único en el mundo.

La aridez de su clima limita las actividades agrícolas al cultivo de cereales y fruta y sus vastas praderas resultan ideales para la cría de caballos, ovejas y ganados menores. La minaría ha constituido otro renglón económico de importancia y entre sus principales extracciones figuran plata, cobre, ónix y sal.

El nombre de “Capadocia” se deriva, según algunas interpretaciones, del vocablo Katpadukya o Tierra de bellos caballos, animales célebres en la región por servir de obsequio a los reyes de Asiria y Persia. Un pasaje bíblico parece confirmar esta corriente, pues llama “capadocios” a los habitantes de la zona.

Para hablar de Capadocia debemos partir de tres aspectos diferentes y muy importantes: naturales, históricos y religiosos.

Formaciones geológicas, el aspecto natural

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Las extrañas y hermosas formaciones geológicas de Capadocia datan de millones de años. Cuando los volcanes de la región se encontraban en actividad, la lava expulsada cubrió las colinas y valles hasta conformar una alta meseta, compuesta principalmente de toba y algunas anómalas capas de basalto. A partir de aquí comienza el proceso de transformación del singular paisaje de Capadocia, con la destrucción de estas capas como producto de la erosión (por fuertes lluvias y derretimiento de la nieve en primavera) y los bruscos cambios de temperatura; un proceso que se ha mantenido durante de miles de años y que aún se mantiene activo en la actualidad.  En general, el viento tiene un efecto circular sobre el paisaje, mientras que los ríos y la lluvia lo manifiestan de forma horizontal y vertical, respectivamente.

En comparación con la toba, las capas de basalto se han visto menos afectadas por la erosión y sirven como una cubierta protectora. Esta yuxtaposición de diferentes materiales ha producido columnas coronadas, pirámides y formaciones cónicas con una especie de tapas o gorros oscuros, conocidas como peribacalari, o chimeneas de hadas. Mientras la toba a su alrededor se desgasta, un bloque de roca dura resistente a la erosión persiste en pie por sí mismo y termina conformando la parte superior de un gran cono. Una chimenea de hada existe hasta que el cuello del cono se erosiona y su tapa o gorro cae.

Historia de Capadocia

Entre los años 5 mil y 4 mil antes de Cristo existían en la región varios principados independientes y aislados, que se cree establecieron la primera alianza en la historia de Anatolia, para enfrentar a los asirios. Sin embargo, los primeros registros históricos datan del siglo XIX a.C., cuando se establecieron en la región antiguos comerciantes, precisamente asirios, que conformaron colonias mercantiles, de canjes e intercambios.

Entre 1.750 y 1.200 a.C., Capadocia se convirtió en la “Tierra Baja” del reino hitita, como una importante zona comercial de la famosa Ruta de la Seda.

Tiempo después, con la invasión persa, Capadocia fue convertida en una satrapía, en medio del Camino Real de Susa a Sardes. Pero tras la caída del Imperio de Darío y la toma de sus centros de poder por parte de Alejandro Magno, la antigua provincia persa logra evitar la sumisión al nuevo Emperador macedonio y termina en manos de la dinastía local de Ariarathes, cuyos descendientes se convertirían en de Roma.

De esta manera, en el año 17 de nuestra era, Capadocia pasa a ser parte oficial del Imperio Romano, bajo la égida del emperador Trajano, quien militarizó el área y construyó nuevas fortalezas. Con el establecimiento del nuevo Imperio Bizantino, se insertó el cristianismo en la región y se construyeron las primeras iglesias, excavadas en las rocas.

Pero con la llegada de los selyúcidas, antepasados de los turcos de occidente que terminaron ocupando la región, fueron abandonados los monasterios y ocupados por los habitantes locales. Parte de la población cristiana continuó viviendo aquí hasta el intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía, en 1923. Fue en ese año en que se constituyó la República de Turquía, poniendo fin a la dominación de más de cuatro siglos del Imperio Otomano.

El aspecto religioso

El cristianismo llegó temprano a Capadocia. San Pablo pasó por Cesárea (hoy Kayseri) en su camino a Ankyra (Ankara). En el siglo IV de nuestra era la región aportó tres nuevos santos: San Basilio el Grande, de Cesárea; su hermano menor San Gregorio de Nisa y San Gregorio Nacianceno. San Basilio el Grande fue hijo de padres piadosos y recibió su educación superior en Constantinopla y Atenas, pero renunció a su prometedora carrera para convertirse en monje. Impresionado por la vida ascética, se estableció como ermitaño en Capadocia, acompañado por Gregorio Nacianceno. Desde allí Basilio logró defender la fé cristiana en las iglesias de Anatolia, que habían sufrido divisiones a causa de la controversia arriana. En el año 370 sucedió a Eusebio en el cargo de obispo y con sus increíbles habilidades organizativas, estableció hospitales, fomentó la vida monástica y reformó la liturgia. Su liderazgo ha quedado como pilar del monacato oriental, y la obra “La liturgia de San Basilio”, probablemente compilada por él, aunque posteriormente revisada y editada, se sigue utilizando algunos domingos en las iglesias ortodoxas.

Anacoretas de la Iglesia Primitiva, que buscaban refugio de las distracciones del mundo en lugares salvajes y remotos, eligieron Capadocia para desarrollar su vida monástica, dedicada a la oración, la penitencia y el ayuno, en muchas ocasiones en cuevas artificiales o naturales. El martirio constituía el objetivo final de un cristiano devoto. Pero una vez que el cristianismo fue aceptado como religión oficial por Constantino el Grande, en el año 330, los días de martirio terminaron y una vida pacífica y segura parecía no satisfacer a aquellos creyentes. La geografía de Capadocia se mostraba entonces como muy adecuada para las personas que preferían una existencia ascética.

Entre los siglos VII y VIII, cuando comenzaron las invasiones árabes en Anatolia, las comunidades monásticas cristianas se vieron urgidas a esconderse y para ello fueron cavando refugios bajo las rocas y la tierra. Con el tiempo, estos refugios se convirtieron en grandes ciudades subterráneas.

Iglesias de Capadocia

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Se estima que en Capadocia existen más de 600 iglesias excavadas en las rocas, concebidas por sus creadores a semejanza de las de la capital. Las paredes estaban cubiertas con hermosos frescos, influenciados también por el llamado período iconoclasta, entre los siglos VIII y XIX.

Para la creación de estos frescos, en su mayoría pertenecientes a los siglos XI y XII, se emplearon dos técnicas diferentes: pintados directamente sobre la roca, o en una capa muy delgada de yeso. En las iglesias donde no se usó el yeso, la pintura llegó a ser extensa, con la característica del rojo ocre como color predominante.

En muchas fotos se observa que los ojos o las caras de las personas aparecen borradas, ya que en la época islámica se creía que esta acción podía matar al sujeto pintado. También existen rasguños y tallas vandálicas de iniciales, lo cual hoy está terminantemente prohibido. El visitante debe conocer que el uso de cámaras con flash dentro de las iglesias no está permitido.

La iglesia más sencilla tenía una sola nave abovedada de forma rectangular, con un ábside cubierto por un arco de proyección. Hay muchas variaciones de las iglesias, algunas de hasta triple ábside y cúpula o cruz planificada. Debido a que las iglesias fueron talladas en la roca, no necesitan apoyarse sobre columnas, por lo que las columnas y bóvedas que presentan constituyen más bien símbolos estructurales. Los nombres de las iglesias se basan en su estilo o decoración arqueológica, por ejemplo, la Iglesia Hebilla o Sandalia. Los ábsides de las iglesias enfilan a diferentes direcciones, ya que están tallados de acuerdo con las formaciones naturales y la disponibilidad de piezas de roca adecuadas.

En la mayoría de las iglesias existen pozos de tumbas, probablemente de los donantes o dignatarios de la Iglesia, según la tradición.