8700627461_474d5452d6_h[1]Uno de los más antiguos sueños del hombre ha sido siempre volar, despegarse del suelo y, como aves, navegar por los aires. Algunos llegaron a fabricarse grandes alas y lanzarse desde la altura, la historia contempla numerosos intentos fallidos, en muchos casos trágicos. El sueño no fue posible hasta que la curiosidad de los hermanos Joseph y Etienne Montgolifier abriera las posibilidades a la creatividad humana.

Joseph y Etienne tenían una fábrica de papel y un buen día desarrollaron un nuevo modelo que era una mezcla entre papel y seda. Cuando vieron el papel quemarse, se dieron cuenta de que los pequeños trozos y las cenizas tendían a elevarse en el aire, por lo que dedujeron que si fueran capaces de capturar este aire que elevaba al papel, el hombre podría ser capaz de volar.

De cualquier manera, aunque estos hermanos franceses son considerados los creadores de los globos, mucho tiempo antes ya los chinos implementaban el principio de la elevación por aire caliente, con las llamadas Linternas Kongming, que se empleaban fundamentalmente para la señalización militar.

Al principio, Joseph y Etienne pensaron que la mayor parte de este “poder mágico” que descubrieron en su fábrica procedía del humo. Entonces se percataron de que si capturaban el humo correctamente dentro de bolsitas, éstas eventualmente solían elevarse en el aire. Tras intentos y pruebas, comenzaron a imaginar que si tuvieran una bolsa gigante con suficiente cantidad de dicho “poder mágico”, ésta podría ascender hasta el cielo cargando incluso con un peso considerable. Entonces los hermanos Montgolifier no conocían la explicación real del por qué se elevan los globos de aire caliente. Hoy todos sabemos que cuando el aire se calienta se hace menos denso en el interior del globo que el aire exterior, lo que le permite subir.

El primer vuelo de un globo de aire caliente fue conducido precisamente por Joseph y Etienne, el 5 de junio de 1783. La envoltura estaba hecha de papel y lino. El globo, tripulado por una oveja, un pato y un gallo, contenía un volumen de 23 mil pies cúbicos y el aire caliente provenía de una hoguera en la superficie. Aquel primer globo Montgolfier voló algo más de una milla desde el punto de partida y se elevó a unos 1500 pies (460 metros) de altura. La demostración tuvo lugar frente a una gran multitud en el palacio real de Versalles, frente al rey Luis XVI de Francia y la reina María Antonieta.

En noviembre del mismo año, Pilatre de Rozier y el Marqués d’ Arlandes protagonizaron el primer vuelo tripulado en un globo Montgolfier, desde el centro de París hasta los suburbios de la ciudad. También en ese año, marcado por el sueño de volar, un químico francés, el profesor Jacques Charles, creó un modelo diferente de globos que empleaban hidrógeno, un elemento químico descubierto recientemente. Los globos de hidrógeno compitieron de manera muy eficaz con los globos de aire caliente durante muchos años.

Tras esta primera etapa de los globos no se dieron muchos avances en más de un siglo. En agosto de 1932 el científico suizo Auguste Piccard fue el primero en conseguir un vuelo tripulado a la estratosfera. Alcanzó una altura de 52 mil 498 pies, estableciendo el nuevo récord de altitud, que tres años después rompería el globo Explorer 2, un modelo de helio que subió más de 13 millas. El Explorer 2 marcó un hito dentro de la aeronáutica, demostró que los seres humanos pueden sobrevivir en una cámara a presión a gran altitud y contribuyó a allanar el camino para el futuro viaje espacial.

Durante más de 20 años se mantuvo este récord, hasta que en 1960 el capitán norteamericano Joe Kittinger alcanzó una altura de 102 mil pies y por si no fuera suficiente saltó desde allí en paracaídas, estableciendo también el récord en esa especialidad. ¡Con su propio cuerpo rompió la barrera del sonido!

Pero, hazañas aparte, fue en el mismo 1960 en que el desarrollo aerostático adquirió nuevos enfoques, cuando Ed Yost presentó otras técnicas básicas que simplificaron los vuelos en globo: la creación de una envoltura de nylon y el calentamiento del aire de su interior con un quemador de propano. A pesar de que este primer globo era aún primitivo, Yost se considera el padre de los vuelos aerostáticos modernos.

Una de las mejoras más importantes que tuvieron los globos de aire caliente es la válvula paracaídas, a veces llamada también respiradero de deflación, situada en la parte superior del globo. El antiguo aerostato de Yost utilizaba un respiradero rip, un sello que no se podía volver a cerrar y dejaba que todo el aire se escapara al mismo tiempo. Fue entonces que Tracy Barnes, de The Balloon Works desarrolló la válvula paracaídas, que al ser presionada por una cuerda permite escapar determinada cantidad de aire del globo y así, la porción que queda en el interior hace que la válvula vuelva a cerrarse, sellando el globo en su parte superior una vez que se suelta la cuerda. Esto permitió a los pilotos poder abrir y cerrar la válvula durante el vuelo para controlar la altitud y aterrizar con una adecuada cantidad de aire en el globo.

En 1978, el Águila Doble II se convirtió en el primer balón que cruzó el Océano Atlántico, otro importante hito en la historia de los globos. Después de muchos intentos fallidos, por fin pudo ser sorteado este peligroso océano. El Águila Doble II era un modelo de helio que cargó con tres pasajeros y estableció un nuevo récord de duración de vuelo: 137 horas.

Por su parte, la primera travesía del Pacífico se logró 3 años más tarde, en 1981. El Águila Doble V, lanzado desde Japón el 10 de noviembre, aterrizó 84 horas más tarde en el Bosque Nacional de Mendocino, California. Los 4 pilotos establecieron esta vez el récord de distancia recorrida, con 5 mil 678 millas.

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En 1987, Richard Branson y Per Lindstrand fueron los primeros en cruzar el Atlántico en un globo de aire caliente, en lugar de uno de helio o gas. Volaron una distancia de 2 mil 900 millas en un tiempo récord de 33 horas. La envoltura utilizada fue la más grande jamás empleada, con 2,3 millones de pies cúbicos de capacidad. Un año más tarde, Per Lindstand estableció otro nuevo récord, esta vez para la altitud jamás registrada en vuelo solitario en globo de aire caliente, 65.000 pies. Tiempo después, en 1991 la pareja del suizo y el británico se convirtió en la primera en cruzar el Pacífico en un globo de aire caliente. Viajaron 6 mil 700 millas en 47 horas, desde Japón a Canadá, a velocidades de hasta 245 mph.

Finalmente, en 1999, fue completado el primer vuelo alrededor del mundo, por Bertrand Piccard y Brian Jones. Partiendo de Suiza y aterrizando en África, con este vuelo se rompieron todos los récords anteriores, en un periplo de 19 días, 21 horas y 55 minutos.

Hoy en día, la mayoría de las cestas de los globos están hechas de mimbre de ratán y vienen en dos formas principales: rectangular o triangular. Además de llevar a los pasajeros y el piloto, la canasta también contiene los tanques de propano, quemadores e instrumentos, como el variómetro, que mide la velocidad vertical, los indicadores de temperatura y el altímetro, que indica la altura del globo sobre el nivel del mar.

En los últimos años se han introducido también algunas mejoras para la fabricación de los globos. Por su capacidad para soportar temperaturas más altas, se viene usando cada vez más el tafetán y otros tejidos de nylon, con un recubrimiento para contener mejor el calor y proporcionar protección ultravioleta.

Todas estas mejoras, junto con la adecuada formación de buenos pilotos, han logrado que los globos aerostáticos se hayan convertido en una de las maneras más seguras de viajar por los aires.