San Jorge de Capadocia

La región de Capadocia, refugio de cristianos perseguidos e iglesias excavadas, fue la cuna de varios santos, pero ninguno tan célebre como San Jorge, de la segunda mitad del siglo III; mártir de la cristiandad, hacedor de milagros y martirizado por su fe.

Hijo de cristianos, desde temprana edad San Jorge sirvió en el ejército romano bajo el emperador Diocleciano y fue elogiado muchas veces por su excelente servicio al Imperio. Pero no tardó en aparecer la represión religiosa, para lo que el emperador citó a sus principales asistentes y les hizo comprometerse en el paganismo. Todos lo hicieron, a excepción de San Jorge, quien, según cuenta la historia, se puso de pie en medio de la sala y confesó su devoción al cristianismo, lo cual le costó la cárcel y continuas torturas. Se dice que el propio emperador le sometió a crueles martirios, pidiéndole que sacrificara sus creencias para salvar la vida pero él se mantuvo firme y confesó estar dispuesto a morir por Cristo, tal como lo hiciera su propio padre cuando él era pequeño. Tras esta reafirmación de su fe, cuentan que Dios le habló: “No temas, Jorge, yo estoy contigo” y desde entonces, de nada sirvieron las torturas, ni la rueda dentada, ni las sandalias de hierro o el pozo de agua y cal. San Jorge salía ileso del daño físico y rodeado por una especie de áurea angelical.

En demanda de una última gran prueba de la existencia de su Dios, Magnentios, uno de los asesores del emperador, le ordenó realizar un milagro. Pasaron junto a una antigua tumba y el romano le pidió al Santo que resucitara a la persona enterrada allí. Tras orar por mucho tiempo, hizo rodar la piedra del sepulcro y de allí se levantó un hombre. El emperador le preguntó quién era y él contó que había vivido muchos años antes de Cristo, pero que por ser un idólatra, tras su muerte había ardido en los fuegos del infierno durante todo ese tiempo. Según cuentan las historias de San Jorge, tras este gran milagro muchos idólatras y paganos se convirtieron al cristianismo, incluso Atanasio, un célebre mago, o la propia esposa del emperador. Pero nada evitó que San Jorge fuese decapitado poco después.

Conocido por sus milagros y grandes acciones para ayudar a las personas, existe una famosa leyenda sobre San Jorge y un dragón. Se dice que este dragón había amenazado a los idólatras de Atalia, por lo que los habitantes se habían recluido tras las murallas, abandonando sus casas, campos y sembrados y cada año sacrificaban una joven para calmar al monstruo. Cuando San Jorge llegó a esta zona, la hija del rey estaba a punto de ser sacrificada. Tras someter al dragón, San Jorge puso una cuerda en su cuello y se la entregó a la princesa, que condujo a la bestia de vuelta a la ciudad, donde muchos fueron bautizados y convertidos a la fe cristiana.

Se cree que este mito procede del propio icono del Santo, que representa el asesinato ecuestre del temible dragón con una princesa al fondo. Los primeros iconógrafos de San Jorge podrían haber pretendido reflejar a Satanás, como el dragón, y a San Jorge venciendo al mal; aunque otras interpretaciones apuntan a que la figura del dragón alude al emperador Diocleciano y la princesa a su esposa Alexandra, convertida al cristianismo tras presenciar los milagros de San Jorge.

Cuando los cruzados viajaron a través del Imperio Bizantino se encontraron este icono y a partir de él recrearon la leyenda. De hecho, se piensa que el propio icono de este santo es por sí mismo milagroso, por lo que la fama de San Jorge se extendió por todo el Oriente y los cruzados trajeron a Europa su devoción por el santo. De esta manera, San Jorge de Capadocia, recreado en varios de los frescos de las iglesias de esa mágica región, se convirtió en patrón de países como Inglaterra, Siria y Líbano, entre otros, y es venerado por anglicanos, ortodoxos y musulmanes.